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El Presente del Arte Argentino – Sus Referentes (2010)

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Titulo: El Presente del Arte Argentino – Sus Referentes
Edición:
Año 2010
Lugar de presentación: Centro Cultural Borges - 25/11/2010

Fotos del evento:

Grupo OperaEnVivo (cuarteto de cuerdas) Maestro Ary Brizzi Cantantes líricos del Teatro Colón
Grupo OperaEnVivo (cuarteto de cuerdas) Maestro Ary Brizzi Cantantes líricos del Teatro Colón
Jesús Marcos, Miguel Ángel Bengochea y Antonio Pujía Salvador Costanzo, Juan Carlos Saporiti, Marcelo Rivarola, Noemi Mazzei, Patricia S. M. de Saporiti, Armando Gentili Eduardo Mac Entyre, Marcelo Rivarola y Antonio Pujia
Jesús Marcos, Miguel Ángel Bengochea y Antonio Pujía Salvador Costanzo, Juan Carlos Saporiti, Marcelo Rivarola, Noemi Mazzei, Patricia S. M. de Saporiti, Armando Gentili Eduardo Mac Entyre, Marcelo Rivarola y Antonio Pujia
Marta Díez y Alejandro Caride Diana Schuster y esposo Reportaje a Marcelo Rivaola por Cultura al Dia
Marta Díez y Alejandro Caride Diana Schuster y esposo Reportaje a Marcelo Rivaola por Cultura al Dia
Marcelo Rivarola, Patricia Alés y Julio Sapollnik Armando Gentile Vernissage
Marcelo Rivarola, Patricia Alés y Julio Sapollnik Armando Gentile Vernissage
Vernissage Vernissage  
Vernissage Vernissage  


Prólogo:

De la existencia a la esencia

Protagonicé la experiencia que de inmediato voy a narrar –y la cuento porque hacerlo contribuirá a volver más comprensibles las características de mi siguiente texto– hace ya más de medio siglo.  El 20 de octubre de 1956 –yo era joven, o mejor dicho, como me enseñó a decirlo China Zorrilla: yo era más joven–,  un miércoles muy lluvioso del otoño europeo, llegaba por primera vez a Londres, después de un interrumpido viaje desde la Gare du Nord de París, en un tren que, completo, cruzó el Canal de la Mancha en adaptable y servicial ferry a Victoria Station, en pleno corazón de la capital británica. 
Apenas tuve tiempo para saludar a la imagen de piedra de la reina Boadicea, a orillas del Támesis, frente a la Tate Gallery cuando, tras honrar a la altísima estatua del almirante Nelson, en Trafalgar Square, acariciada por los nostálgicos soplos de la también nostálgica y entristecida lady Hamilton, me dirigí hacia la National Gallery, uno de los más importantes museos de Bellas Artes del mundo.  Entre la multitud de tesoros visuales, me deleité con un cuadro del que me enamoré de inmediato y para siempre, Green apples on a red tablecloth (“Manzanas verdes sobre un mantel rojo”), de Paul Cezanne.  Una tela que no dejé de visitar cada vez que la buena suerte me llevaba a la ciudad  que los antiguos latinos llamaban Londondinium, con su antedicho museo y su cuadro; aunque también podía arrobarme con los Cézanne custodiados en el parisino Jeu de Pomme.
Había algo muy peculiar en esa obra: esas manzanas no envejecían ni se arruinaban, porque ya no existían; estaban a salvo de las lastimaduras del tiempo.
Y no creo que sea casualidad (sí creo, en cambio, en la causalidad) que haya encontrado en mi biblioteca, luego de comenzar a pensar en el contenido de este prólogo, un muy valioso ejemplar de la Gazeta de Buenos Aires,  fundada por el glorioso general Manuel Belgrano, secretario de nuestra Primera Junta, precisamente hace doscientos años.
La Gazeta fue el primer periódico de estas tierras, y su supervivencia se ha convertido también en emblemática, porque de ella ha surgido lo que ahora llamamos “prensa” no hace mucho tiempo rebautizada como el “cuarto poder”.
En consecuencia, este privilegiado tomo, el decimotercero de la singular colección de la que forma parte, significa algo mucho más valioso que lo que representa su oportuna edición.  Es, a su manera, la esencia de las artes que existen independientes, pero que solo conservan y preservan su vivencia, antes que nada; siendo.  Esto me hace recordar un error teatral.  En los dos idiomas, inglés y francés, los verbos to be y etre, significan, o bien ser, o bien estar.  Por eso pienso que el célebre monólogo de Hamlet shakespeariano “to be or no to be” ha sido irreparablemente mal traducido, sobre todo si tenemos en cuenta el contexto, como “ser o no ser”, cuando lo que corresponde es “existir o no existir”.
Además, las Bellas Artes, por ser visuales, deben existir para que se las valore, y se transformen en los entes que son.
De este modo, el presente libro, así como los que lo han precedido, es eso: un rotundo aserto de que las obras (dibujos, pinturas, grabados y esculturas) tienen que existir primero para que luego asuman la envidiable peculiaridad de “ser”.   Y solo cuando lo logran, se convierten en indestructibles, siempre lozanas y hermosas, como las impares manzanas del gran Paul.  Que siguen, por fortuna, en idéntico estado al que tenían cuando él las llevó a la inmortalidad esencial de su cuadro; a salvo ya, y por siempre, al igual que las Bellas Artes, de las posibles injurias del acontecer temporal.  Nada pueden hacer contra de ellas.

César Magrini / Escritor y Crítico de Arte 

 

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