Ediciones Institucionales

El Libro de Oro del Arte Argentino (2007)
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Titulo: El Libro de Oro del Arte Argentino
Edición:
Año 2007
Lugar de presentación: Centro Cultural Borges - 15/11/2007

Fotos del evento:

staff de Ediciones Institucionales Eduardo Pla Elena Cinnante, Alejandro Caride, Marta Díez y Marcelo Rivarola
Staff de Ediciones Institucionales Eduardo Pla Elena Cinnante, Alejandro Caride, Marta Díez y Marcelo Rivarola
Marcelo Rivarola, Silvia Goñi y Mónica Laillá María Agustina Bainotti Zuly Melo, Marcelo Rivarola, Yolanda Toteda y Mónica Laillá
Marcelo Rivarola, Silvia Goñi y Mónica Laillá María Agustina Bainotti Zuly Melo, Marcelo Rivarola, Yolanda Toteda y Mónica Laillá
Ana Kassel, Marcelo Rivarola, Yolanda Toteda, Mónica Laillá y Graciela Marechal Marcelo Rivarola, Marialita Lanusse y Mirta Stefani El recordado y querido Osvaldo Ferraro y Elena Cinnante
Ana Kassel, Marcelo Rivarola, Yolanda Toteda, Mónica Laillá y Graciela Marechal Marcelo Rivarola, Marialita Lanusse y Mirta Stefani El recordado y querido Osvaldo Ferraro y Elena Cinnante
Mirta Stefani, Marialita Lanusse, Mónica Laillá, Marta Díez y Marcelo Rivarola Lidia Yanquelevech Zully Melo, Marcelo Rivarola, Yolanda Toteda y Mónica Laillá
Mirta Stefani, Marialita Lanusse, Mónica Laillá, Marta Díez y Marcelo Rivarola Lidia Yanquelevech Zully Melo, Marcelo Rivarola, Yolanda Toteda y Mónica Laillá
Patricia Altmark y Mónica Laillá Marcelo Rivarola y Miguel Angel Bengochea Vanda Foschini y María Agustina Bainotti
Patricia Altmark y Mónica Laillá Marcelo Rivarola y Miguel Angel Bengochea Vanda Foschini y María Agustina Bainotti
María Andrea Anzorena, Antonio Pujia y Elena Cinnante Violines en el foyer  
María Andrea Anzorena, Antonio Pujia y Elena Cinnante Violines en el foyer  


Prólogo:

Para la creación en general, pero especialmente para la artística, una década puede significar, desde un punto de vista personal y desde distintos ángulos, un período muy prolongado o uno muy breve. En el primero de ambos casos, y teniendo en cuenta las actuales características del mundo en que nos toca vivir, en el cual las obras se suceden con llamativa rapidez, y según una prisa que suele obedecer a modas o a gustos improvisados, en los temas más variados, esa prisa se debe a factores de conveniencia, fomentados por pequeños grupos, o también a cuestiones de mercado, disfrazadas de inspiración. En el segundo caso, el de la brevedad, esos diez años parecen insuficientes para lo que exigen una escuela o un movimiento artístico, así como las necesidades expresivas e individuales de un creador, que reclama –y la historia  del arte así lo confirma– un tiempo mayor para que la respectiva obra, siguiendo el camino que le ha dictado la propia vocación, sea sembrada en territorio fértil, madure lentamente y sea cosechada exactamente en el lugar oportuno, para que así destellen todas sus virtudes.  Tiempo y trabajo son la fundamental materia prima que el artista requiere para darse, después de la creación, por satisfecho, y con él quienes reciben los testimonios de esa tarea, noble y excelsa como muy pocas otras. Al respecto parece muy inspirada e ingeniosa la respuesta a una pregunta que le fue formulada a Jackson Pollock, célebre pintor estadounidense, uno de los fundadores de la escuela del informalismo. Cuando le pidieron que expresara cómo llevaba a buen puerto, cada vez, sus extraños y revolucionarios trabajos, contestó: “Muy sencillo: cuento con un 10% de inspiración y con un 90% de transpiración”; aludía así al sudor que se siente al materializar algo con las propias fuerzas. 
La colección de la que forma parte el presente volumen, que por décimo año cierra en forma consecutiva esa trayectoria, despiertan en mí el deseo de llamarlo, por esos motivos y por los que manifiesto precedentemente, “Libro de Oro”. Ello me lleva a recordar una fábula de Tertuliano, autor de la antigüedad latina que floreció en el siglo IV antes de Cristo, que afirmaba qua estamos constituidos, todos los seres humanos, por dos elementos esenciales a los que da el nombre de Animus  y Anima, es decir, por Animo y por Alma.  Cuando el primero se duerme (y esto lo postulaba veintitrés siglos antes que Sigmund Freud diera a conocer sus teorías) Alma (o Anima) sale de ese cuerpo y está en libertad para sobrevolar pasado, presente y futuro, recogiendo en su memoria lo más significativo que estos le ofrezcan. Así, hablar de premoniciones es lo mismo y con asombrosa anticipación. Pero Anima (o Alma) debe retornar al interior de Animus (o Animo) antes que este despierte, y después lo enriquecerá con sus recuerdos.   Estimo que cada magnífico volumen de esta colección –hay que ver el lujo artesanal con que se los edita– está igualmente formado por los dos elementos que describe Tertuliano. Animo es  parte material del libro qua va atesorando su contenido desde febrero hasta  noviembre de cada año; Anima, multiplicada en el lenguaje espiritual de las obras de arte, sale de él y disfruta, feliz, de esa libertad, pero sin volver después a ser encerrada, sino derramando las virtudes tan evidentes de su concreción, en una simbiosis polivalente y siempre eficaz.
Concluyo con el sentimiento que experimento cada vez que se me convoca para presentar un libro. En esto me ayuda sobremanera un texto de la liturgia de Navidad, pues durante la misa con que la Iglesia Católica festeja ese día,  el celebrante repite por tres veces este salmo: “Puer natus est nobis: alleluia, alleluia, alleluia”, o sea “Un niño nos ha nacido: alegría, alegría, alegría”.  Porque para mí cada libro que se edita y llega al mundo es como un niño recién nacido; así que en el caso de este tan entrañable Libro de Oro corresponda saludarlo con la siguiente bienvenida: Un libro nos ha nacido, y tres mil veces alegría.

César Magrini / Escritor y crítico de arte

 

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